Artículo de Germán Caos R.
 
     
 

MI PASADO Y MI PRESENTE EN EL CENTRO OBRERO

 
     
 

El hombre no puede abarcarlo todo por sí mismo, por lo que tiene necesariamente que recurrir a la experiencia de los demás; pero lo que se vive por uno mismo, si se vive con intensidad, deja profunda huella. Esto es lo que me ha ocurrido a mí, y a tantas otras personas, con el Centro Obrero. Quien ha tenido la oportunidad, que yo diría suerte, de haber estudiado en esta Asociación sabe que puede contar siempre con esto como experiencia única y valiosísima, porque este Centro no sólo le ha ofrecido la oportunidad de alcanzar un cierto grado de conocimientos sino que le ha formado en unas virtudes nacidas de sus normas, del comportamiento de los profesores, de esta actitud vital entrañablemente humana y digna que el Centro Obrero ha sabido prodigar a lo largo de sus cien años de historia.

Yo fui a clase, al Centro Obrero, muy niño. Me recuerdo zanquilargo, con los ojos disparatadamente abiertos, de tanto sorprenderme de la vida que se me venía encima, yendo todas las tardes a aprender Aritmética y Geometría. Mi padre, precisamente, era en aquella época uno de sus profesores y todavía creo que hay gentes, que ya están en la década de los sesenta, que todavía lo recuerdan no sólo como profesor consciente y humano, sino como persona que hizo todo lo posible por situar en la vida a muchos de aquellos jóvenes que iban a las clases del Centro a prepararse para de allí saltar a su primer empleo.

Con cierta nostalgia recuerdo ese tiempo pasado en el que yo, niño, fui alumno de este tan querido Centro Obrero, pero en mí se ha dado la doble circunstancia de haber sido alumno y, luego, profesor y, por ello, mis vivencias son diversas y enormemente ricas. Si me quedó el agradecimiento de haber recibido allí la lección varia del conocimiento, de la honradez y de unas normas para vivir la vida con dignidad, ahora sé y entiendo la vocación de servicio que supone dar clase en este Centro y las enormes satisfacciones que se cosechan sabiendo que los alumnos se están preparando para la vida adecuadamente. Sumar estos dos orgullos es una de las cosas más importantes que me han podido ocurrir.

Precisamente, por haber vivido estos dos extremos de la enseñanza, conozco desde diversos puntos de vista la labor pedagógica del Centro Obrero y su constante preocupación por adaptarse a los tiempos modernos, procurando las más avanzadas técnicas en la enseñanza y los medios más modernos para que el alumno obtenga unos conocimientos en el menor tiempo posible  y con el mayor grado de profesionalidad, atendiendo siempre a aquellas materias que la evolución de la pedagogía y las exigencias de la vida van demandando.

Legión de muchachas y muchachos pasan por sus clases y en más de una ocasión he podido ser testigo de la alegría de los alumnos que han ganado unas oposiciones y, con ellas, han resuelto sus vidas. Y todo esto contemplado por la Junta Directiva y Claustro de Profesores con naturalidad, sabiendo que cada vez que esto ocurre lo que han hecho ha sido cumplir con los fines pedagógicos y sociales que el Centro Obrero se ha propuesto. En resumen, siente la satisfacción del deber cumplido.
A todas estas personas agradecidas sólo les pediría que en este primer centenario tuvieran un recuerdo para esta Asociación que, de un modo sencillo y callado, lo único que ha hecho, a lo largo de su historia, ha sido estar al servicio de los demás.