Artículo de Francisco Jiménez Ponce

 
     
 

LABOR QUE DEJAN HUELLAS

 
     
 

Cuando mi entrañable amigo Juan Coello Sánchez, gran isleño y firme puntal del CENTRO OBRERO DE SAN FERNANDO, me invitó a colaborar en este Boletín, al cumplirse el I CENTENARIO,  de la fundación de esta loable Institución isleña, sentí una tremenda emoción, puesto que observaba, cómo mi modesta persona, había sido vista desde el prisma del afecto, que es para mi, los mejores galardones que voy seleccionando en mi largo caminar y que tanto me impulsan a tomar la pluma.
Vaya pues, mi colaboración amigo Juan Coello, con la seguridad plena, de que cuanto falte en galanura de expresión ha de sobrar, qué duda cabe, en afecto y cariño hacia esta entidad, orgullo de San Fernando.
Corría el día 19 de Octubre de 1884, cuando un grupo de obreros de nuestro Arsenal Militar, capitaneado por D. Carlos de Aza y Croquer hombre inquieto y luchador por los humildes, se reunían para fundar este Centro que al correr de los tiempos, pasaría a ser orgullo de la ciudad.
Un grupo de trabajadores, de aquellos que tenían un alto sentido del honor y de la entrega, aquellos hombres del traje de mahón y que tantas peripecias tuvieron que hacer para alcanzar los catorce reales de jornal. Aquellos hombres que presentían en lo más profundo de sus corazones, la necesidad perentoria de llevar la cultura al mundo del trabajo, para que generaciones venideras, encontrarán horizontes que las llevaran por caminos de éxitos en sus gestiones.
Y aquel grupo de obreros como ya os digo, reciben la colaboración de D. Juan Carbó y Urez, Ingeniero Industrial, que  festoneó su gran gestión técnica de nuestro Excmo. Ayuntamiento y quitándole tiempo a su descanso se convirtió en el primer Jefe de Estudio de nuestra Institución.
Muchas fueron las reuniones previas en el propio domicilio del primer Presidente D. Carlos de Aza, allá en Talla Piedra en la calle Murillo, donde con tan pocos medios y una voluntad férrea se inició a forjar el lugar de privilegio que hoy ocupa nuestra entidad.
Yo haría interminable esta colaboración, puesto que innumerables han sido los cuadros de profesores, directivos, como asimismo los Jefes de Estudios, para unos mis mejores oraciones, para otros mi afecto y gratitud. Pero de entre ellos quiero citar a D. José Albarrán, D. Faustino Ruiz, D. José Fernández Cantalejo, Ildefonso Nodal, Campos Almendro y otros tantos.
No quiero silenciar, haciendo historia del Centro, que precisamente, D. José Albarrán ecijano afincado en la Isla desde muy joven, alumno de nuestro Centro, decía con la mayor franqueza: «Yo he sido jornalero del Arsenal de La Carraca, y en los comienzos de mi carrera recibí siempre la ayuda necesaria del Centro Obrero de San Fernando». Son expresiones nobles y de gratitud, pero lo cierto es que su capacidad y su talento, lo llevaron al Generalato del Cuerpo de Máquinas de la Armada.
El Centro Obrero, siempre estuvo presto a tender las manos, a cuantos a sus puertas llegaron, fue en sus comienzos, a la vez de Centro de Estudios, intermediario en polémicas laborales, Juez–Justo y estricto en sus apreciaciones, donde su criterio siempre prevalecía y en muchas ocasiones era aceptado por ambas partes.
No quiero dejar de mencionar la colaboración que los trabajadores acogidos en su mayoría al Centro Obrero, prestaran al glorioso marino que fuera Isaac Peral, aquel Teniente de Navío, que viviera entre nosotros y que precisamente en nuestra calle Murillo, forjara la idea del submarino. Muchas jornadas emplearon aquellos obreros al lado de Isaac Peral, hasta que la indiferencia de unos y la traición de otros dieron con el trance que todos conocemos. Pero la gratitud de aquel gran español, quedó patente con la donación del busto que perpetúa su memoria en las instalaciones de Centro.
Muchas han sido las colaboraciones de nuestra Sociedad, Becas de estudios gratuitas a las distintas Empresas. Cesión durante varios años de sus instalaciones a la E.N. Bazán, hasta la construcción de su actual Colegio de Ntra. Sra. del Carmen.
Esta misma colaboración ya la prestó, allá por los años 1924–25 cuando Font de Mora, fundara nuestra Escuela de Maestría Industrial, aquella Escuela, cuyo primer director fuera aquel excepcional caballero y gran isleño D. Eugenio Pérez Baturone, Coronel de artillería de la armada de tan grata memoria.
Las generaciones han ido sucediéndose, muchos alumnos pasaron a profesores otros ocupan cargos importantes en la sociedad. Pero hay quien ha entregado toda una vida al servicio de nuestra Institución, ¡Sí! Juan Coello, no puedo silenciar tus cuarenta y tres años al servicio del Centro. Una labor que merece el reconocimiento de la Ciudad. Yo sé de tu modestia amigo, –pero pienso a la vez, que el mejor premio que se te puede conceder es el de rotular una calle de nuestra Isla, con el nombre de «CENTRO OBRERO» ¡SI, SR. ALCALDE!, puesto que no podemos olvidar que hay LABOR QUE DEJAN HUELLAS.