“El Centro Obrero de San Fernando:

Formación del ciudadano, patrimonio de la Sociedad”

 
     
 

José Manuel Revuelta Soba

 

 
 

Catedrático de Cirugía

Vicerrector de la Universidad de Cantabria

 
 
 

Ex-alumno del Centro Obrero

 
     
 

Ante todo quiero transmitir la satisfacción y el honor que siento como isleño, que nuestra querida tierra haya sabido cuidar y acrecentar, a lo largo de los siglos, su espléndido patrimonio cultural. Me llena de orgullo que me invitarais a celebrar con vosotros, el centésimo vigésimo quinto aniversario de la fundación del “Centro Obrero de San Fernando”.

 La valiosa iniciativa y permanente aliento, junto a un estupendo equipo de personas entusiastas, han transformado aquel proyecto optimista de los primeros momentos, en este importante instrumento de acción cultural y promoción del conocimiento que hoy nos reúne.

 Hace años, me decía uno de mis maestros: “En las conferencias es conveniente comentar al principio lo que se pretende decir al final, por si los asistentes se duermen”.

 Por ello, ante todo, como ex-alumno, deseo expresar mi reconocimiento a todos los que a lo largo de 125 años han hecho posible esta institución, sus socios, profesores y alumnos, instituciones y patrocinadores, así como a cuantos generosamente y de manera anónima han dado su apoyo desinteresado al Centro Obrero.

 La Estrategia de Lisboa de la Unión Europea estableció que la “Sociedad del Conocimiento” representa la principal herramienta para el desarrollo económico y cultural, la individualización creativa y la formación del ciudadano. Según esta estrategia europea, la educación es capaz de generar una economía sostenible que crea más y mejores empleos, con mayor cohesión social. Es sorprendente que una noche de domingo, el 19 de octubre de 1884, unos obreros reunidos en La Isla, ya hubieran llegado a esta conclusión, y pensaran que para llevar a cabo esta ambiciosa tarea era necesario crear un centro de difusión del conocimiento, en el que ningún isleño quedara excluido.

           De todos es sabido que, en mi condición de profesor universitario, me es imposible evitar darle a este discurso un contenido alejado de lo didáctico. Por este motivo, deseo haceros partícipes de algunos hitos históricos que han acompañado la andadura del Centro Obrero. Mejor entenderemos la grandeza de esta Sociedad Benéfica e Instructiva, si rememoramos por unos instantes la España de aquella época.

 Nuestra tierra, fecunda en acontecimientos de relieve histórico, fue testigo directo del nacimiento de la España constituyente. Algunos de aquellos niños que asombrados vieron, en 1810, llenarse el Teatro de las Cortes con parlamentarios que prepararon el texto de la Constitución, firmada en Cádiz en 1812, pudieron ser testigos también, siendo ya abuelos, de la creación de un Centro de Obreros en la calle Rosario.

  Contexto histórico de la sociedad finisecular

 La Sociedad Benéfica e Instructiva de Previsión Social “Centro Obrero de San Fernando” fue fundada el día 19 de Octubre de 1884. En aquel contexto finisecular, ¿cómo era España?

 En aquella época reinaba en nuestro país el rey Alfonso XII. En concreto, dicho monarca hizo su aparición el 1 de diciembre de 1874, fecha en que se publicó el Manifiesto de Sandhurst, presentándose a los españoles como un príncipe católico, español, constitucional, liberal y deseoso de servir a la nación. El 29 de diciembre de ese mismo año se produjo la restauración de la monarquía, al pronunciarse el general Martínez-Campos en Sagunto a favor del acceso al trono del príncipe Alfonso. En aquel momento, el Jefe del Estado era el general Serrano, y a la cabeza del Gobierno se encontraba Sagasta. En enero de 1875, llegó Alfonso a España y fue proclamado rey ante las Cortes Españolas. Su reinado consistió principalmente en consolidar la monarquía y la estabilidad institucional, reparando los daños que las luchas internas de los años del llamado “Sexenio Revolucionario” habían dejado tras de sí, ganándose el apodo de «el Pacificador». Se aprobó la nueva Constitución de 1876 y durante ese mismo año finalizó la guerra carlista, dirigida por el pretendiente al trono Carlos VII.

 Para regocijo de la población española, el Rey Alfonso XII contrajo matrimonio con la bella Infanta Mercedes. Pero esta alegría popular tan solo duró cinco meses, ya que la querida reina María de las Mercedes murió a la temprana edad de 18 años a consecuencia del tifus, pérdida que motivó famosas coplas dolientes. Un año más tarde, el rey Alfonso se casaba con la archiduquesa austriaca doña María Cristina de Habsburgo-Lorena. En 1885, se produjo el desdichado final de Alfonso XII, rey dinámico e inteligente, tan solo un año después de haberse creado nuestro querido “Centro Obrero”.

 En esa época de inestabilidad, el gobierno que presidía Cánovas del Castillo tuvo que enfrentarse a las reclamaciones que, desde distintos sectores, se realizaban con el objetivo de transformar el país en una España liberal en política, sociedad y ejército. La evolución política de esos años se articuló en torno a dos figuras clave de la política española: Cánovas, líder del partido conservador, y Sagasta, cabeza del partido liberal. A la muerte de Alfonso XII, el denominado Pacto de El Pardo estableció la alternancia en el poder de estos dos partidos, durante la regencia de María Cristina de Habsburgo, que tuvo su hijo, futuro Alfonso XIII, seis meses después de quedar viuda.

 El día de Navidad de 1884, coincidiendo con una importante nevada, Andalucía sufrió un fuerte terremoto, afectando principalmente a Granada, donde se contabilizaron 800 muertos y 1.500 heridos. En 1885, la epidemia de cólera azotó con toda su fuerza el país, produciéndose alrededor de 120.000 muertes en España. Golpeó con especial dureza los barrios populares de algunas ciudades, por sus pésimas condiciones de salubridad y falta de alcantarillado. Durante esta tragedia humana, el Dr. Jaime Ferrán descubrió la vacuna contra esta terrible enfermedad, que se comenzó a aplicar en Valencia, pero inexplicablemente debido a la oposición de algunos médicos detractores, el gobierno llegó a prohibir la campaña de vacunaciones. Para vergüenza de algunos, en 1907, la Academia de Ciencias de París premió al Dr. Ferrán por su descubrimiento científico, siendo entonces aplicada extensamente su vacuna contra el cólera, aunque ya demasiado tarde.

 En 1886, se comenzó en el Arsenal de la Carraca la construcción del submarino de Isaac Peral, botado el 8 de septiembre de 1888. Este primer submarino de 23 metros de eslora, se movía por energía eléctrica y costó alrededor de 300.000 pesetas. Lamentablemente, durante más de 40 años, estuvo en el desguace en el Arsenal de la Carraca, hasta que el Almirante Mateo García de los Reyes logró recuperar el casco, mandándolo remolcar a Cartagena, donde se encuentra expuesto como monumento popular. En su momento, no se supo apreciar el indudable valor internacional que tenía esta gran obra naval. Don Isaac Peral y Caballero, teniente de navío destinado en la Carraca, mostró su talante generoso agradeciendo a los obreros socios del Centro Obrero que trabajaron con él en el diseño y construcción del submarino en el Arsenal de la Carraca, así como por el éxito obtenido en las pruebas oficiales del Submarino de su invención. La gratitud de ese gran marino e inventor español, quedó reflejada con la donación del busto que perpetúa su memoria en las instalaciones del Centro Obrero.

Éstas eran algunas de las circunstancias en las que se desarrollaba la difícil vida política y social española. Pero ¿qué ocurría más allá de nuestras fronteras?

 En el año de creación del Centro Obrero, se celebró la conferencia de Berlín, convocada por Portugal, y presidida por el canciller Bismarck. En dicha conferencia, que se prolongó durante más de tres meses, se plantearon los problemas que originaba la expansión colonial en África, que fue repartida entre diversos países europeos, entre ellos España. Tras la Conferencia de Berlín, sólo dos países africanos muy pobres conservaron el derecho a preservar su independencia: Etiopía y Liberia. A modo de ejemplo, el Estado del Congo tenía la calidad de posesión personal del rey Leopoldo II de Bélgica. Este avaricioso rey asistió a dicha conferencia adquiriendo a título personal, y no como rey de los belgas, el extenso territorio del Congo, donde actuó de manera implacable y cruel con la población nativa.

 Durante la Restauración, España era el primer productor europeo de hierro, plomo, mercurio y cobre. Nuestro excelente material de hierro era muy apreciado internacionalmente, en especial por la siderurgia británica.  Fue el gran momento para la industrialización de la ría de Bilbao, fundándose los Altos Hornos de Vizcaya. Cuando se fundó el Centro Obrero, la producción textil en Cataluña experimentó un incremento sin precedentes, constituyendo el complejo comercial más importante de España. En esa época se completó la red ferroviaria en nuestro país, duplicándose su longitud.

 La reforma más significativa llevada a cabo, durante el periodo de gobierno de Sagasta, fue en el desarrollo jurídico de los derechos de asociación y elección. Antes de la Restauración, el asociacionismo se permitía únicamente con fines religiosos, siguiendo el Concordato de 1851.

 En Europa, fundamentalmente en Francia e Inglaterra, había surgido entonces el obrerismo, movimiento obrero que basaba su progreso en la cooperación y el beneficio colectivo, en contraposición al liberalismo individualista de la burguesía. En este contexto socio-político se produjo la aprobación de la Ley de Asociaciones de 1887, que permitió a los obreros reunirse. Surgen así los Círculos de Obreros de diferentes gremios, aunque con ciertas restricciones.

 De hecho, los estatutos del Círculo de Obreros de Barcelona, como otros que se crearon en España, establecía que “Los obreros pueden reunirse en el Círculo de Obreros por la noche los días de trabajo, y por la tarde y noche los días festivos, ajeno a toda clase de fines políticos, por lo que se prohíbe terminantemente toda discusión que revista este carácter”.

 Esta Ley de Asociaciones permitió la inscripción legal del Partido Socialista Obrero Español, dirigido por el tipógrafo Pablo Iglesias, y su sindicato Unión General de Trabajadores (UGT), fundado en Barcelona a finales de 1888.

 Sagasta introdujo en 1888, con la oposición de Cánovas del Castillo, la más importante de sus reformas, el Sufragio Universal, que irónicamente tenía poco de universal, puesto que sólo podían votar “Los españoles, varones, mayores de 25 años”; los militares y las mujeres quedaban excluidos de la potestad de emitir su voto.

 Pero los avances no sólo se producían en el ámbito civil, sino también en el religioso. La Iglesia participó también en esta modernización de la sociedad. En 1891, el papa León XIII promulgó la Encíclica Rerum Novarum, sensible a la situación precaria de los obreros. Dicha carta papal se pronunciaba sobre las condiciones laborales, la relación entre patronos y trabajadores, y comentaba sobre las “sociedades de obreros”. Esta encíclica no fue bien acogida por la burguesía, asustada por las concesiones hacia los obreros, a pesar de que incluía algunas consideraciones que podían zanjar cualquier atisbo de progresismo, como la que disponía lo siguiente: “Principalísimamente deberá mantenerse a la plebe dentro de los límites del deber”. Esta preocupación, que compartía cierto sector de la sociedad, quedó reflejada en el famoso semanario “Blanco y Negro”, fundado en 1891 por el periodista sevillano Torcuato Luca de Tena.

 Como menciona Fernando García de Cortazar en su reciente libro “Breve Historia de España”, las últimas décadas del siglo XIX constituyeron la segunda edad de oro de la cultura española, en la que conviven tres generaciones de intelectuales. La literatura, las bellas artes, la ciencia y la investigación universitaria brillaron con figuras como Pérez Galdós, Baroja, Unamuno, Ramón y Cajal, Gaudí, Benlliure, Zuloaga, Sorolla, Torres Quevedo, De la Cierva, Albéniz, Granados, Falla, Picasso, Ortega y Gasset o García Lorca.

 Fundación del Centro Obrero

           En las Memorias del Centro Obrero completadas con motivo del I Centenario de su fundación se recopila una valiosa información sobre la creación de esta querida institución docente isleña. En su libro de Actas se lee lo siguiente:

“Previa convocatoria fueron reunidas las clases obreras de esta localidad, a las ocho de la noche, en el local donde se haya establecida la oficina de la Junta Sociológica. El obrero Don Tomás González expuso a los concurrentes que, el objeto de la reunión es para tratar de la creación de un Centro de Obreros, necesidad absoluta en esta ciudad, pues todos los pueblos cultos deben manifestarse con espíritu de sociabilidad y compañerismo, por lo que creo indispensable la creación de dicho Centro: primero porque de este modo habrá recíproco equilibrio entre todos los gremios, y segundo, porque de este modo podremos formar escuelas aplicadas a las artes y a los oficios que tan necesario es, para el desarrollo intelectual de la clase obrera; para cuyo fin os propongo y os ruego encarecidamente que, desde este momento empecemos a formar la candidatura para nombrar la Junta Organizadora para redactar el Reglamento”.

 El acto fundacional prosiguió con el nombramiento de dicha Junta, presidiendo la votación por Don Juan Carbó y Urez, ingeniero civil, que fue nombrado Presidente Honorario. Realizado el escrutinio de votos, fue elegido presidente don Tomás González y Vicepresidente don Carlos de Aza. La reunión constitutiva acabó, según dicho libro de Actas, “… a las once y diez y ocho minutos”  de la noche del domingo 19 de octubre de 1884. Por la noche, que era cuando se permitían las reuniones de los obreros.

 Desde su creación, la finalidad del Centro Obrero de San Fernando, según se indican dichas Memorias del Centenario, ha sido:

 “Contribuir al progreso moral y material de los obreros de la Ciudad, a fin de que estos sean ciudadanos dignos, útiles, inteligentes y laboriosos, tanto en sus relaciones con la familia como con la sociedad en general. Para ello, proporciona a sus asociados asistencia médica, para éstos y su familia; dietas en metálico en caso de enfermedad; pensiones vitalicias y gastos de sepelio; clases nocturnas, donde los socios y sus hijos se instruyen convenientemente en las asignaturas que tienen más directa aplicación en las artes, industrias y trabajos manuales; uso del local social, …”.

 El Centro Obrero tiene su local social y educativo en la calle Rosario nº 8 de nuestra ciudad. Esta finca, entonces de una única planta, se compró en 1912, a su anterior propietaria por 11.670 pesetas (poco más de 70 euros). En 1946, el Almirante Don Faustino Ruiz González, ex-gobernador General de Guinea (1949 – 1962), siendo entonces el Director de Estudios, de manera altruista emprendió por su cuenta la construcción de la planta alta, consistente en una amplia sala de 115 m2. Ocho años más tarde, el entonces Director de Estudios, Don José Fernández Cantalejo, puso toda su ayuda económica y material para completar esta planta alta; trabajo que contó con la inestimable ayuda del entusiasta joven Juan Coello Sánchez, quien preparó los planos de la obra. Esta obra de ampliación fue completada gracias a importantes donativos procedentes de entidades y personas que respetaban y querían al Centro Obrero.

 Algunos socios honorarios

 Entre los socios honorarios cabe destacar a Carlos Roca Suárez, Salvador García Muñoz, Quintín Dobarganes Merodio, Celestino Rey-Joly Velásquez, María Luisa Martín García, José Espejo Currá, María del Mar Arteaga Fernández, Joaquín Rodríguez Royo y Juan García Cubillana.

 Quiero tener un especial recuerdo con algunos colegas, médicos generosos, que formaron parte del Centro Obrero y dieron asistencia médica gratuita a los socios y sus familiares, como el Dr. Servando Camúñez Echevarría, que fue profesor de Física y Director de Estudios, o los Dres. Juan Roldán y Ramos, José Ignacio Cellier y Ortega, Juan Sarriá García, Manuel Peces Casas, Antonio de la Cruz, Antonio Núñez Arroyo y Celestino Rey-Joly Velásquez, todos ellos ejemplares desde el punto de vista profesional y humano.

 Algunos directores

 El primer director fue Juan Carbó y Urez, y le siguieron otros de indudable relieve como José Ignacio Cellier y Ortega, Ángel Gallego Jiménez, y otros más recientes como Faustino Ruiz González, José Fernández Cantalejo, Salvador Vázquez Durán, José Espín Peña, Antonio Campos Almendro, Juan Coello Sánchez y actualmente su hijo Juan Coello Cruz. El nombre de la familia Coello está íntimamente ligado al Centro Obrero desde 1941, o sea más de media vida del Centro Obrero.

 Entonces el Centro contaba con 96 alumnos. La llegada de Don Juan Coello Sánchez supuso un verdadero revulsivo, por su capacidad de trabajo, su entusiasmo, y muy especialmente por su visión estratégica del Centro, al que consideraba un verdadero valor añadido para La Isla y su gente más necesitada de formación. En tan solo 5 años, la matrícula gratuita alcanzó la cifra de 236. La excelente preparación de los egresados estimuló el patrocinio de diversos organismos y entidades públicas y privadas. Don Juan dividía su tiempo entre la Constructora Naval, donde había entrado de aprendiz de delineante, llegando a ocupar el puesto de ayudante de ingeniero, y su labor docente y organizativa del Centro Obrero.

 En el Curso 1952 – 53, el Centro ya contaba con medio millar de estudiantes y se logró adquirir “10 máquinas de escribir” para clases de mecanografía; este apreciado “patrimonio tecnológico” hizo que el propio Juan Coello se encargara personalmente del mantenimiento y reparación de las máquinas de escribir, aún siendo el Presidente de la Sociedad. Tras su jubilación en 1972 de la Fábrica de San Carlos, vuelca todo su tiempo, esfuerzo e ilusión en el Centro Obrero, con esa contagiosa vitalidad que le caracterizaba. Fue nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad de San Fernando el 29 de marzo de 1985.

 Cuando he consultado la abundante documentación existente sobre la petición de la Medalla al Mérito en el Trabajo para Don Juan Coello, por parte de Centro Obrero, el Ayuntamiento de San Fernando, la Dirección Provincial de Trabajo y Seguridad Social y la Dirección General de Servicios del Ministerio de Trabajo, todos apoyando esta merecida propuesta, en espera de que se llevara a cabo por parte del Ministerio de Trabajo, con motivo de la onomástica de S.M. el Rey, el día 24 de Junio de 1986, no acierto a comprender el silencio posterior, solo explicable por un lamentable descuido a nivel ministerial. Es bien conocido que la Junta Directiva puso todo su empeño en esa justa petición, especialmente su hijo Juan y mi amigo Francisco Romero Naranjo, entonces vicepresidente del Centro Obrero.

 No se entiende la continuidad y brillante desarrollo del Centro Obrero, sin las figuras de Juan Coello, padre e hijo, institución en la que hace más de medio siglo ya se enseñaba inglés, alemán o ruso. Nuestra felicitación y agradecimiento a ellos y su familia, que siempre les ha apoyado en esta generosa y noble tarea docente, que tanto bien hizo a varias generaciones de isleños, y las venideras. Deben estar muy contentos y orgullosos por el reconocimiento de toda La Isla por su ingente labor docente.

 Algunos profesores

 Es importante recordar a sus profesores, quienes dedicaron tantas horas de su tiempo libre al Centro Obrero, como Alejandro Quevedo, Ildefonso Ramos, Pedro Duarte, Ricardo Gallardo, Manuel Rey, Germán Caos Altamirano, Francisco Gutiérrez Agabo, José Campos Aragón, Antonio Rodríguez Pérez, Germán Caos Roldán, Francisco Romero Naranjo, Manuel Hernández Homedes, Mame Losada, Mame Conde, y un largo etcétera.

 Algunos alumnos

 En estos 125 años de constante trabajo, profesionalidad y rica historia, con no pocas limitaciones económicas, esta prestigiosa, respetada y querida institución isleña ha formado miles de alumnos. El Centro Obrero ha contado con alumnos ilustres, como el gran isleño bilaureado General José Enrique Varela Iglesias, o el General del Cuerpo de Máquinas de la Armada José Albarrán Pardo, que decía con nobleza: «Yo he sido jornalero del Arsenal de La Carraca, y en los comienzos de mi carrera recibí siempre la ayuda necesaria del Centro Obrero de San Fernando».

 Otros alumnos, no menos ilustres, fueron Salvador García Franco (Astrónomo), el General Juan Sarriá Guerrero, José Franco Delgado “el Padre Franco” (Canónigo), Germán Caos Roldán (escritor), Angel Torres Aleu (pintor), Juan García Cubillana (médico), Pepe Oneto (periodista), o María José de Alba Castiñera (Delegada de Cultura de nuestro Ayuntamiento).

 El Centro Obrero del siglo XXI

          El Centro Obrero ha sabido adaptarse a las necesidades y demandas de la sociedad en cada época. En la actualidad imparte cursos de informática, inglés, gestión empresarial, mecanografía y ordenografía, preparación para La Armada, clases de apoyo para las enseñanzas primaria y secundaria, náutica, arte o manualidades y restauración. El Centro posee aulas convencionales y de informática, mecanografía, pintura, manualidades y laboratorio de inglés; aparte de un  salón para los socios, y un lugar para exposiciones, como la que se celebra cada año con motivo del Congreso de Pintura y Dibujo “Juan Coello Sánchez”.

 Distinciones del Centro Obrero

 El Centro Obrero está en posesión de las siguientes distinciones:

  • Medalla de Oro en la Exposición Marítima Nacional –  1887

  • Centro Exento de Impuestos por R.O. de S.M. el Rey – 1913

  • Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo por el Ministerio de Trabajo – 1951

  • Placa de Plata al Mérito Cultural por el Ministerio de Cultura – 1982

 Reflexiones finales

 Para finalizar, quiero expresar de nuevo, nuestro reconocimiento lleno de gratitud, hacia cuantas personas han cooperado o colaboran, asegurando la calidad y continuidad del Centro Obrero. Enhorabuena a todos, y permitidme compartir vuestro orgullo por todo lo logrado hasta hoy, así como vuestra permanente ilusión y empeño en trabajar mirando siempre hacia el futuro. Actualmente, como hace 125 años, es fundamental perseverar en el objetivo de engrandecer, fortalecer y proyectar el conocimiento y la profesionalidad de los isleños. Gracias por vuestra vocación y ejercicio, por contribuir la difusión y reforzamiento de nuestros valores democráticos, y por ayudar a dignificar el espacio público.

 La Sociedad Benéfica e Instructiva de Previsión Social “Centro Obrero de San Fernando” tomó, en el siglo XIX, la decisión estratégica de transformar nuestra ciudad en una comunidad culta, poniendo especial cuidado en los más desfavorecidos, y puede sentirse bien satisfecha del resultado obtenido. El Centro Obrero del siglo XXI supone la maduración de un proyecto educativo singular que busca la excelencia en la docencia y la preparación para la empleabilidad de sus egresados; entendiendo que la formación del ciudadano constituye en mejor patrimonio para la Sociedad. En realidad, representa un proyecto de comunidad pionero e innovador, siempre firme a sus principios que enunciara su fundador, el obrero isleño Don Tomás González, la histórica noche del domingo 19 de octubre de 1884.