Artículo de Joaquín Rodríguez Royo

 
     
 

CONSTANCIA Y LEALTAD

 
     
 

Centro Obrero, «Te espero en la puerta del Centro Obrero», «sí hombre en la droguería que está enfrente del Centro Obrero», «cuando llegó la cruz de guía a la altura del Centro Obrero». Estas son expresiones que se escuchan continuamente en nuestro pueblo, y las decimos hasta con cariño,, con simpatía, porque el Centro Obrero es algo nuestro o mejor dicho le hemos hecho nuestro, y todo es porque sabemos que allí, en su interior, se han impartido y se siguen impartiendo muchas horas de clases para formar a nuestros hijos; a nuestros vecinos, a muchos niños de la Isla. Creo que todavía no nos hemos parado a pensar la importancia que tiene el Centro Obrero, si nos detenemos por un momento y ojeamos algunos datos sobre este importantísimo Centro docente, podremos llevarnos una agradable sorpresa, por ejemplo, en el tomo segundo sobre «la ciudad de San Fernando» de Salvador Clavijo entre otras muchas cosas se puede leer «Centro tan lleno de constancia y lealtad hacia sus objetivos y tan querido por todas las clases sociales»; con estas pocas palabras podemos observar y palpar el sentido de esta ejemplar institución.
Constancia, prueba evidente son esos cien años abriendo puntualmente las puertas de sus aulas a miles de alumnos que hoy recuerdan con  añoranza los años que pasaron entre los muros de sus clases. Recordando también a sus profesores, conserjes, directores y directivos, hombres estos  que siempre buscaron de su eficacia, es, esa respetable cantidad de hombres que alcanzaron metas imprevistas, ocupando cargos importantes en nuestro pueblo y fuera de él; así como otros con menos suerte a la hora de buscar una colocación. Y cómo no hablar de esos grandes profesores, todos ellos de gran categoría que supieron dar ese matiz intelectual que caracteriza nuestro Centro Obrero, todos ellos, los que han pasado y los que actualmente están, han sabido imprimir la línea de la eficacia, de la honradez profesional y esa constancia que hoy resaltamos como base fundamental para alcanzar esos cien años de cultivar hombres.
Después se habla de lealtad, ésta es una de las palabras más hermosas que podemos escuchar, como todos sabemos, lealtad, es, guardar fielmente la palabra comprometida de los hombres, leales al compromiso contraído, vigilante para hacer cumplir las normas establecidas que afectan en el bien común de todos los hombres. Por esta razón el Centro Obrero ha sabido estar siempre en la cresta de la ola, porque hace ahora un siglo que se comprometió para impartir clases casi las veinticuatro horas del día, ¿qué más podemos pedir para demostrar su lealtad? En fin, pienso que el hablar y escribir cosas sobre este particular sería casi interminable, sólo nos queda decir que, ahí está esa noble entidad, marchando a gran velocidad, ganándole tiempo al tiempo, permaneciendo siempre alerta para desarrollar las últimas técnicas a innovaciones de la lengua, de las matemáticas, idiomas, así como todas las asignaturas que configuran la formación integral del hombre. Pues bien, así de esta forma tan abnegada y eficaz, se ha conseguido que este rincón histórico de nuestra ciudad sea querido por todos los estamentos, así como todas las clases sociales que forman la comunidad «caña»».
Antes de terminar estas líneas quiero agradecer a la dirección del Centro Obrero el honor que me ha dispensado al permitirme compartir esta efemérides como uno más de esta gran familia, vaya pues también por delante mi felicitación por todo lo que han realizado y por lo que les queda por hacer, deseándoles al mismo tiempo toda clase de aciertos en el desarrollo de sus funciones para bien de nuestro querido San Fernando. Que Dios os lo premie.